El nuevo resurgir de los mercados municipales

Para quienes viven en culturas que crecieron conociendo a los yerbateros como los exclusivos médicos andinos sólo conocen su infinidad de deberes discretamente replegados, desde algún rincón de sus casas, hasta alguna tienda de un mercado municipal. Estos eran los que se encargaban de proveer hierbas, pero también se encargaban de hacer hechizos de amor, magia blanca, magia negra y diversas cuestiones relacionadas con el esoterismo.

En todo caso, los mercados siempre se han comportado como lugares privilegiados, que además han servido para realizar distintos análisis asociados a las transformaciones sociales, formas de intercambio económico y por supuesto, de la vida de las personas. Desde siempre, ha sido considerado el pequeño comercio urbano y los mercados de abastos como unas excelentes instituciones donde pueden verse reflejados los cambios entorno a las relaciones de producción de las sociedades contemporáneas, sobre todo, en las formas de acumulación flexible devenidas del fordismo acompañadas de las transformaciones de la sociedad de la información y el conocimiento.

Abastos y mercados en resiliencia

Si nos trasladamos al mercado, sólo como un campo semántico, este debe incluir al menos dos dimensiones, donde el primer término, identifica al mercado como un lugar físico, bien sea un edificio, bajo algún techo o quizás, al descubierto ubicándose en plazas, calles o solares. En ellos principalmente se intercambian productos de alimentación perecedera que no se encuentra envasada y que es procedente de la tierra, como por ejemplo frutas, hortalizas o verduras; pero también pueden ser producto de la ganadería animal: vacuna, avícola, etcétera. Podría encontrarse también productos del mar como pescados y mariscos.

En segunda instancia, los mercados de abastos o municipales, funcionan como instituciones sociales debido a que agrupan a pequeños comerciantes que se encuentran organizados en asociaciones o gremios horizontales, que además cuentan con autonomía y capacidad de acción y decisión cuando se trata de los asuntos que determinan su actividad social y económica.

No se estima generalizar ya que podría ser un tanto arriesgado, sin embargo, si nos enfocamos hacia el mercado como centro distribuidor de productos perecederos, que se encuentra organizado por agregación de pequeños comerciantes que actúan como mediadores de la distribución alimentaria y social, este vio llegar su crisis a mediados de la década de los 80, en donde la pujanza de los formatos de gran distribución transnacional que aprovechaban las ventajas fiscales y financieras gracias a las economías de escala y el abaratamiento del transporte internacional vino a ser una dura e implacable competencia para estos pequeños y autónomos comerciantes.

En nuestros días, los mercados de abastos que se reconocen alrededor del mundo, son crecientemente espacios sociales y comerciales que han vivido su resiliencia, por lo que han otorgado un nuevo re-significado a tal actividad poniendo en práctica diversas estrategias comerciales, sociales, bioculturales y estéticas, donde muchas de ellas pasan por reacomodar la oferta comercial a la transformación de los factores demográficos, urbanísticos y socioeconómicos: como lo son la edad, el género, la etnia-nacionalidad, el nivel socioeconómico de la población que reside en los barrios de influencia. Pero también, a los factores eco biológicos de los ecosistemas agropecuarios periurbanos.